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Los Jóvenes que Asaltaron el Cuartel Monacada se Declararon Continuadores de la lucha de Martí 

La mayoría, señaló, “eran estudiantes que estaban en contra de la dictadura de Batista, aglutinados alrededor de la figura de Fidel Castro, quien estaba preparando la rebelión contra la dictadura”

 

Un hecho que revela el sentido del asalto al Cuartel Moncada es que los jóvenes que lo protagonizaron, el 26 de julio de 1953, “anunciaron su propósito de culminar la lucha de Martí por la soberanía y rescatar su herencia libertaria y la de todos los héroes que pelearon en la Guerra de Independencia” cubana.

Así lo manifestó Oscar Ochoa, profesor de la Universidad de La Habana y del Instituto Pedro Gual del ministerio de Relaciones Exteriores de Venezuela, quien destacó que al comienzo el movimiento se autodenominó “Centenario de José Martí”, porque en 1953 se celebraban cien años del natalicio del prócer.

“Se asumían como continuadores porque la independencia por la que luchó Martí fue truncada por Estados Unidos con su intervención de 1898, cuando implantó una serie de enmiendas a la Constitución de aquella República que recién nacía”, explicó Ochoa.

MOVIMIENTO RADICAL

Ochoa explicó que “los integrantes del movimiento eran personas de pensamiento radical, de origen humilde, que querían marcar el camino de la lucha armada como opción política”.

La mayoría, señaló, “eran estudiantes que estaban en contra de la dictadura de Batista, aglutinados alrededor de la figura de Fidel Castro, quien estaba preparando la rebelión contra la dictadura”.

“Con el asalto al Moncada pretendían despertar la conciencia del pueblo, haciendo que esta acción fungiera como un motor pequeño que moviera a un motor mayor, es decir, a todo el pueblo, para de este modo poner fin a la dictadura; restituir la constitución de 1940, la mas democrática hasta entonces, y generar cambios radicales en la situación política, económica y social de Cuba”, detalló el profesor Ochoa.

OPERACIÓN AUDAZ

Ochoa contó que “los estudiantes se organizaron en torno a la Universidad de La Habana, donde realizaban sus actividades políticas, se reunían, hacían prácticas de tiro, compras de armas, que por cierto no de eran guerra, sino de caza pues no tenían fusiles ni mucho menos: solo rifles y escopetas de bajo calibre”.

Estaban “estructurados en forma de células con una dirección única compuesta por Fidel, Haydée Santamaría y su hermano Abel, lograron organizar alrededor de mil 200 jóvenes, de los cuales 135 fueron al Moncada. Hasta la madrugada del 25, muy pocos sabían que iban a atacar el cuartel”.

La acción que se proponía ejecutar “era prácticamente impensable, porque se trataba de la segunda fortaleza militar más importante del país, que quedaba en el centro de una ciudad muy grande. Pero tenía unas condiciones topográficas, como estar ubicada muy cerca de la Sierra Maestra y del mar Caribe, que permitirían empezar desde allí la guerra de guerrillas”, comentó Ochoa.

DE NOCHE Y EN CARNAVAL

Relató el docente que el grupo llegó a Santiago de Cuba en la madrugada del 25, “es decir la víspera del 26, al centro de una ciudad abrumada por los carnavales, que casi impedían notar la presencia de los jóvenes que estaban llegando”.

Agregó que los jóvenes habían rentado previamente la Granjita Siboney, “donde iban a reunirse bajo el camuflaje de que era un lugar para la cría de pollos, y allí escondieron sus armas, los carros con los cuales se movilizaron hacia el centro de la ciudad y hacia el Cuartel Moncada el 26 de julio”.

DETALLES DEL ASALTO

El profesor Ochoa apuntó que “esa madrugada Batista estaba en la playa de Varadero descansando en su yate, sin saber lo que pasaba, pero aunque todo fue muy fortuito, los estudiantes no lograron tomar el Cuartel ya que siendo el factor sorpresa lo mas importante para lograrlo, a ellos no les fue posible. Fueron descubiertos por una posta que estaba dando una vuelta alrededor del cuartel”.

El Catedrático reveló otros aspectos del plan de asalto: “Un grupo de los jóvenes había tomado el edificio del Hospital Civil Saturnino Lora y la sede de la Corte Judicial, que era la segunda parte del plan y la tercera parte, fue el asalto al Cuartel Carlos Manuel de Céspedes en la ciudad de Bayamo, para impedir que desde la ciudad de Holguín le llegaran refuerzos a las fuerzas militares del Moncada”.

“Hay que tomar en cuenta lo que significaba el que poco más de cien jóvenes se enfrentaran a un poder tan grande y a una dictadura tan sangrienta en una ciudad que desconocían”, declaró. Y enfatizó que les tocó enfrentar a “más de mil hombres bien armados que integraban la tropa del Cuartel”.

No obstante, advirtió, “en los escasos combates que se dieron apenas fallecieron 6 de los comprometidos en la acción de los moncadistas, como se supo después de iniciado el juicio seguido en los tribunales a los participantes”.

DESPUÉS DEL ASALTO

Después del asalto vino un juicio que, en lugar de doblegar el movimiento, les dio a los jóvenes revolucionarios una importante tribuna para hacer sus denuncias y darse a conocer.

En ese juicio, dijo Ochoa, “se manejó una lista de mas de 60 fallecidos, que evidentemente no murieron en el enfrentamiento, sino que en la semana siguiente al ataque los fueron capturando, sometiéndolos a torturas atroces y asesinándolos después de estar prisioneros”.

“A algunos los lanzaba de las azoteas y a otros los fotografiaban en medio de escenarios montados para hacer ver que murieron en combate dentro del cuartel, cuando la verdad es que los jóvenes no llegaron a entrar en él”, detalló.

Subrayó que al segundo jefe del movimiento, “Abel Santamaría, le arrancaron los ojos con el propósito de obligar a Haydée Santamaría, su hermana, a denunciar a los otros participantes. Ella respondió que si su hermano no había dicho nada, ella menos iba a decirlo y es cuando deciden acribillarlo a balazos”.

En prisión, los jóvenes se dedicaban “al estudio de la situación y a su formación política. A Fidel, que estaba recién graduado de abogado, le permitieron ejercer su propia defensa, pero eso duró apenas unos meses”

“Como abogado y para la elaboración de su alegato, interrogó a las personas que habían participado, a los testigos y a los propios moncadistas y posteriormente a los militares”, señaló.

De ese nodo descubre, en primer lugar, evidencias de los asesinatos que habían ocurrido en el Moncada en los días posteriores al asalto; segundo, cómo se manejó el caso y tercero, todo lo que sucedió en el propio juicio -enumeró.

EL JUICIO DE LA HISTORIA

Fidel Castro presentó su alegato de defensa, conocido como “La Historia me Absolverá”, “que resultó mas bien de acusación, tanto por lo ocurrido en el Moncada, como por la situación de dictadura, ilegalidad, represión, pésima salud pública , analfabetismo, desempleo, atraso económico, etc, en que estaba subsumido el pueblo cubano, sintetizados en seis puntos que constituyeron lo que se llamó El Programa del Moncada”.

El alegato, sostuvo Ochoa, “fue de tal impacto, que en principio las autoridades prohibieron que este documento se hiciera público. Peero la directiva del movimiento decidió difundirlo a toda costa y lo sacó de la cárcel secretamente, escrito con jugo de limón, en letra oculta muy menuda y en papel ultra delgado”.

“Se imprimieron mil ejemplares y los repartieron por todo el país. Este documento fue desde entonces el programa que sirvió como guía para luchas posteriores, como por ejemplo el desembarco del Gramma, que es cuando la figura del Ché se incorpora al movimiento, y la guerrilla en La Sierra Maestra”, finalizó Ochoa.

T/ Mercedes Aguilar
 

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