Ambos lucharon y dieron su vida por la emancipación de los pueblos de Nuestra América, y en especial por el venezolano, al enarbolar las banderas de la independencia, soberanía, igualdad y justicia, en la lucha contra los imperios de turno y por la unidad de la región, por la Nación de Repúblicas.

“Chávez es el segundo Bolívar”, “Viva Chávez, Viva Bolívar”, son consignas que en la última década los venezolanos y latinoamericanos han repetido sin cesar, no sin razón, en honor a la unión de los ideales y proyectos del líder de la Revolución Bolivariana, Hugo Chávez, con los del Libertador y Padre de la Patria, Simón Bolívar.

“La República Bolivariana de Venezuela es irrevocablemente libre e independiente y fundamenta su patrimonio moral y sus valores de libertad, igualdad, justicia y paz internacional en la doctrina de Simón Bolívar, el Libertador”, sentencia el artículo 1 de la Constitución Nacional, aprobada en 1999, con la cual Chávez propuso, junto a la participación protagónica del pueblo, refundar el país y hacer del ordenamiento jurídico letra viva.

En una época dominada por las monarquías colonizadoras y saqueadoras, Bolívar se despojó de los privilegios de su clase mantuana y emprendió una heroica lucha contra el yugo de la corona española en su patria y la región, tomando los ideales de fraternidad, libertad e igualdad, promovidos por la Revolución Francesa en 1989 al final del siglo de La Ilustración, y que adoptó tras las enseñanzas de su maestro Simón Rodríguez.

En el siglo XXI, Chávez, hijo de la clase oprimida, emergió como soldado patriota con la bandera del socialismo acompañado de la doctrina del Libertador, cuando la hegemonía capitalista impone “el fin de la historia” y la monarquía de los mercados.

No obstante, más allá de su lucha por las clases oprimidas y la unidad e independencia de Nuestra América, los dos líderes no se limitaron a tomar ideas y valores de otras experiencias -mediante una lectura del materialismo histórico- sino que los adaptaron a las realidades y particularidades de los pueblos.

“Saben distinguir qué es lo que en ese momento está impidiendo que esos pueblos se organicen y los pueblos puedan asumir su vida con dignidad, igualdad y justicia”, puntualiza la historiadora venezolana, Carmen Bohórquez, en entrevista con la Agencia Venezolana de Noticias (AVN).

Es por esta razón que en el sentimiento popular venezolano, expresado en el masivo apoyo a la Revolución Bolivariana, se puede observar que “Chávez y Bolívar se han hecho uno en el imaginario colectivo, ahora tenemos dos líderes, dos hombres, que luchan día a día con su pueblo”, sostiene la historiadora.

Chávez hizo lo mismo que Bolívar al tomar principios universales de la dignidad humana, agrega Bohórquez, al expresar que en su lucha buscaba “la igualdad de todos y todas, la transformación de las condiciones materiales de vida para hacer que el pueblo pueda ejercer su libertad con dignidad, para que pueda expresarse en todas sus potencialidades creadoras”.

“Este es un socialismo que responde a la idiosincrasia de unos pueblos que sufrieron tres siglos de colonización, de unos pueblos que son una mezcla cultural diversa, de unos pueblos que hasta el momento no habían sentido una patria que les fuera propia”, añade la historiadora, tras destacar el carácter bolivariano y de actualidad dado por Chávez al socialismo del siglo XXI.

Unidad latinoamericana

Bolívar y Chávez coinciden “como visionarios del papel histórico que le tocaba jugar a Venezuela y a Nuestra América en el concierto del mundo”, indica Bohórquez.

El 7 de diciembre de 1824, dos días antes de la Batalla de Ayacucho, el Libertador Simón Bolívar envió invitaciones a los gobiernos de México, Provincias Unidas del Río de la Plata, Centroamérica, Chile y Brasil, en las cuales propuso la celebración de un Congreso en el istmo de Panamá, que tuviese como fin la confederación de los nacientes Estados de la región.

Desde 1815, Bolívar había hecho expreso su deseo de ver a América libre y unida. “Es una idea grandiosa pretender formar de todo el Mundo Nuevo en una sola nación con un solo vínculo que ligue sus partes entre sí y con el todo. Ya que tiene un origen, una lengua, unas costumbres y una religión, debería, por consiguiente, tener un solo gobierno que confederase los diferentes estados que hayan de formarse; [...] ¡Qué bello sería que el istmo de Panamá fuese para nosotros lo que el de Corinto para los griegos! Ojalá que algún día tengamos la fortuna de instalar allí un augusto congreso de los representantes de las repúblicas, reinos e imperios para tratar y discutir sobre los altos intereses de la paz y de la guerra, con las naciones de las otras partes del mundo”.

El 22 de julio de 1826 se instaló en la ciudad de Panamá el Congreso Anfictiónico, con el boicot de Estados Unidos, y la oposición de Europa, que veía en la unidad latinoamericana un peligro para sus intereses. El ex embajador de Nicaragua en Venezuela, Aldo Díaz Lacayo, en su libro El Congreso Anfictiónico. Visión Bolivariana de la América anteriormente española, destaca que ese proyecto “nació muerto”.

“Lo mató el proceso dialéctico de la historia, al cual no escapan sus autores: mientras el Libertador desarrollaba en los hechos su objetivo de independizar a la América anteriormente española, liberando pueblos, creando repúblicas e ideando instituciones que garantizaran su permanencia histórica mediante su unidad estratégica, los líderes de cada una se dedicaban a consolidar la independencia de su propia nación”, refiere el diplomático, citado en un artículo del periodista Eleazar Díaz Rangel.

Sin embargo, casi dos siglos más tarde, en Caracas, el 2 y 3 de diciembre de 2011, Chávez encabeza la cumbre fundacional de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac), en la que participan un total de 33 países desde México hasta la Patagonia, sin el tutelaje de Estados Unidos ni Canadá.

“Cuidado si en 200 años había ocurrido un acontecimiento político tan importante. Ahora, la Celac marchará en la dirección que le vayamos imprimiendo los pueblos, porque nunca antes en la historia de nuestro Continente los líderes se habían parecido tanto a nuestros pueblos. Si no hubiese cambiado el mapa geopolítico de nuestra América, la Celac hubiera sido imposible”, dijo el comandante Chávez, en referencia a los procesos de cambios en diversos países de la región, siendo Venezuela, respaldada por la Cuba revolucionaria, la vanguardia en este sentido.

Muestra de ello es el impulso dado por la patria de Bolívar, años antes, a la creación de la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (Alba) y la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur).

“Tanto Bolívar como Chávez lucharon porque esa América unida se convirtiera en un punto de equilibrio del poder en el mundo”, insiste Bohórquez, al expresar: “Chávez se acerca bastante, y hasta podríamos decir que iguala la acción del Libertador cuando se plantea una gesta de liberación del pueblo venezolano y nuestroamericano”.

El Ejército libertador de Venezuela fue el único que salió de sus fronteras para librar batallas por la libertad de otros pueblos, y esta práctica fue retomada por Chávez dos siglos después, pero esta vez con tropas de profesionales, médicos y brigadistas tienen como objetivo llevar salud, educación y ayuda a países hermanos.

De esta manera, la historiadora afirma con toda certeza que “no hay hijo más preclaro de Bolívar, que Hugo Chávez”, quien como el Libertador entregó todos sus esfuerzos “sin condicionamientos, sin límites, ni nada, a construir la Patria, a lograr la felicidad del pueblo, a poner siempre al pueblo por delante”.

Tenemos Patria

“Recuerdo en este momento aquella frase de Simón Bolívar, el Padre Bolívar cuando en los últimos días de su batalla física en este mundo, le decía a Urdaneta, al general Urdaneta ‘Yo no tengo patria a la cual seguir haciendo el sacrificio’ ¿Ven? Y lo echaron y lo vilipendiaron y lo vejaron ‘Mis enemigos me quitaron la Patria’, dijo. Pero hoy, gracias a Dios, Padre Bolívar, ¡cuán distinta es la situación para todos nosotros hombres y mujeres! Hoy sí tenemos Patria y es la tuya Bolívar, es la que tú comenzaste a labrar, a labrar junto a millones de hombres y mujeres hace 200 años”, expresó el comandante Chávez, en la que sería su última alocución pública, el 8 de diciembre de 2012.

Delegaciones de 54 países del planeta, incluyendo 32 jefes de Estado, rindieron homenaje a este bolivariano, quien a diferencia de Bolívar no partió de este mundo abandonado y en el destierro sino alzado por millones de personas que hoy con el puño en alto gritan con fuerza: “¡Chávez vive, la lucha sigue!”.

 

Hacer un comentario.




Los comentarios expresados en esta página sólo representan la opinión de las personas que los emiten. Este sitio no se hace responsable por los mismos y se reserva el derecho de publicación.

Aquellos comentarios que sean denigrantes, ofensivos, difamatorios, que estén fuera de contexto y/o que atenten contra la dignidad de una persona o grupo social, este sitio se reservará el derecho de su publicación. Recuerde ser breve y conciso en sus planteamientos.