Hugo Chávez es, porque no se puede hablar en pasado de él, vida, alegría, compromiso, lealtad y, sobre todo, Revolución. Estremece la noticia, acongoja, entristece pero, al mismo tiempo, confirma que el presidente es coherente hasta en su último respiro. En todas y cada una de las batallas que protagonizó las peleó hasta el final. Pero no fue un batallador solitario, todo lo contrario, sino un guerrero colectivo que supo sumar al pueblo verdadero donde juntos recuperaron la dignidad, el trabajo, la educación y le dieron carnadura a ese concepto, que los viejos regímenes buscaron darle intranscendencia y vaguedad, como es la patria. No es poco lo que hizo y seguirá haciendo Chávez, el libertador del Siglo XXI.

Intentaron demonizarlo por todos los medios porque la solidaridad que encarnó, la real no la declamada, es el más peligroso antídoto al virus neoliberal que durante décadas dominó nuestro continente. La unidad de los pueblos de Latinoamérica es el peor escenario para esta ideología y Chávez resultó ser uno de los principales protagonista de esta lucha que hoy es realidad y que funge de un verdadero anticuerpo. Por eso lo atacaron, por eso buscaron destruirlo y derrocarlo. A pesar de todos los intentos no lo consiguieron.

En medios argentinos, por estas horas, del presidente de Venezuela se recuerda y destaca su histrionismo y sus extensos discursos. Pero esa descripción contiene una intención non sancta. Se remarcan esas características y se esconde lo importante, que es el contenido de esas alocuciones. Allí, entre chascarrillos o cánticos, Chávez le adelantaba al pueblo los pasos que va a tomar su gobierno y de manera llana y sencilla la raíz del problema, el estado actual y el camino para resolverlo. Ese diálogo es inmensamente más valioso que las consignas vacuas y efectistas que habían ensordecido a una sociedad durante décadas.

Chávez le dio vida a Venezuela al recuperar el Estado al servicio de las necesidades del pueblo. Les dio vida cuando garantizó salud, educación pública y gratuita para todos sin importar el color del piel o su condición de clase. Y por lo tanto, le dio la alegría real y no la ficticia que se busca para dejar de lado por un momento las penas y condiciones de vida digna. Esa alegría que se vive en cada misión, en cada logro alcanzado y en esas maravillosas y multitudinarias movilizaciones donde el pueblo dialoga de igual a igual con su líder.

Chávez les demostró el compromiso con todas y cada una de las responsabilidades asumidas. Cuando se comprometió a recuperar a PDVSA para Venezuela lo hizo, cuando lanzó las misiones las controló y corrigió a cada una de ellas para que sean una realidad en la vida cotidiana. Cuando se comprometió a trabajar en el
desarrollo de una Constitución a imagen y semejanza de la nueva Venezuela, no sólo cumplió sino que además la encarnó y el pueblo la hizo suya transformándola en una verdadera herramienta de transformación.

Chávez es leal. Nadie puede ponerlo en duda. Es leal a la vida, a la alegría pero sobre todo a la Revolución Bolivariana y Socialista. En ese sentido cada uno de sus movimientos están dirigidos a recuperar el legado de Simón Bolívar, pero también del resto de los líderes suramericanos como San Martín, Che Guevara, Fidel Castro y hasta Tupac Amaru. Además, supo recobrar el sentido del socialismo abandonando viejos esquemas y dogmas para otorgarle un contenido latinoamericanista, cristiano y popular. No son conceptos vacíos, Chávez y su pueblo se encargaron de darle el contenido y la vida necesaria para hacerlos perennes.

En contrario a lo que opinan algunos, Chávez no deja una sombra sino una luz que ilumina la revolución en Venezuela y también al resto de los procesos políticos, nacionales y populares, que se desarrollan en América Latina. La ausencia se sentirá. Esa voz, esa risa y esa alegría de estar concretando el sueño de tantos será dolorosa pero al mismo tiempo se convertirá en el desafío para avanzar y no detenerse en este proceso, complejo y difícil pero al mismo tiempo maravilloso, de convertir a Latinoamérica en una sola patria.

 

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