-Cuando se creó el Gran Polo Patriótico (octubre de 2011) usted le dijo al presidente Chávez que este era “una vía para salir del desierto”. ¿Por qué los movimientos sociales llegan a sentirse en un desierto dentro de un gobierno revolucionario?

—En el seno de la Revolución han emergido iniciativas de organización popular, sin formas previamente definidas, que nacieron al calor de las propias necesidades, demandas y creatividades de la gente. En oportunidades se trata de políticas sociales implantadas por la gente de manera informal.

Por ejemplo, lo que nosotros hemos hecho por más de cuatro años con jóvenes de sectores populares (Núcleo Endógeno Cultural Tiuna el Fuerte) constituye una política social informal. Esas iniciativas no habían sido lo suficientemente reconocidas. El Polo abrió la posibilidad de reconocerlas.

—¿Se ha avanzado?

—En eso estamos, el Polo Patriótico va hacia la profundización con la propuesta de programa de gobierno que hizo el Presidente porque con ella se logrará ir más a fondo en aspectos concretos, transformaciones específicas que las organizaciones de cada ámbito pueden ayudar a lograr.

—¿Y por qué esas nuevas formas de lucha no son canalizadas directamente por el Partido Socialista Unido de Venezuela, sino que es necesario otro escenario? ¿Qué le impide al PSUV, que es un partido nuevo, creado en Revolución, interpretar esas nuevas tendencias?

—No creo que sea un problema del PSUV, sino del momento histórico que vive la figura del partido político, como forma de organización del pueblo, no sólo acá, sino a escala mundial. La forma de funcionar, la estructura, la manera de tomar decisiones de los partidos no siempre se ajusta a las dinámicas, subjetividades, racionalidades, emocionalidades que están surgiendo.

Los partidos no tienen, quizá, la misma plasticidad de los movimientos sociales, que accionamos de manera más rápida, debatimos, pero creemos que la práctica es el verdadero momento de la formación, las luchas concretas en la calle, la movilización permanente. En los partidos se invierte más tiempo en consolidar una estructura. No digo que eso no sea importante, claro que lo es, pero es un tipo de lucha diferente a la de los movimientos sociales.

Esto es así especialmente en el caso de los jóvenes que tienen una “racionalidad Facebook”, del video, de lo audiovisual, y si los partidos no comprenden esos mecanismos, que ya son hegemónicos, es poco lo que pueden hacer para la integración de las nuevas generaciones.

—Usted ha dicho que el Presidente es como la bisagra que puede conectar a los movimientos sociales que no se sienten incluidos por los partidos ni por la burocracia gubernamental. Parece una contradicción porque el Presidente es el jefe del gobierno y del partido. ¿Cómo se explica?

—Bueno, planteándolo desde el interior de nuestro colectivo (Tiuna el Fuerte), creemos que hay un quiebre histórico en las formas de ejercicio de la política. Los movimientos culturales son vanguardia de la producción simbólica necesaria para la transformación ideológica de la sociedad. Son los que garantizan la construcción de una nueva hegemonía porque elaboran contenidos, narrativas, sentidos. Los políticos de la era pasada no entienden que lo que nosotros hacemos es también política.

Piensan que la política debe regirse por los mecanismos tradicionales de acceso y conquista del poder. Los políticos nuevos, como el Presidente, saben que el poder está desplegado en toda la sociedad y la tarea es articular todas esas actividades de poder que están por ahí, desagregadas. Él logra interpretar esos nuevos signos de la acción política, les da un lugar y el Polo Patriótico es una de las estrategias más poderosas que él ha ideado para eso.

Es muy agudo para leer las transformaciones de la acción política y ve en movimientos como los nuestros un gran potencial. Valora los saberes y las invenciones políticas del pueblo. Cuando se fundó Ávila TV, la derecha tenía miedo del canal porque veían su potencial para incidir sobre las nuevas generaciones, en cambio a lo interno de las corrientes revolucionarias fue una propuesta muy cuestionada, se le acusaba de despolitizada.

Pero, el Presidente logra ver ese potencial porque cree mucho en el pueblo y por eso se distancia de los líderes que, aunque lo acompañan, no tienen esa misma capacidad de comprensión. Cuando vemos las juventudes de los partidos, por ejemplo, nos damos cuenta de que son… ¡viejos ya! Se dicen jóvenes, pero no lo son, no por la edad que tengan sino por su manera de comunicar, por la imposibilidad de establecer diálogo con los más jóvenes.

—¿Hasta qué punto la ideología del “me iría demasiado” ha penetrado en los jóvenes de los sectores populares?

—No ha penetrado mucho. En los barrios hay distintas subjetividades juveniles. Hay jóvenes que se relacionan con el afuera del barrio a través de la producción cultural. Esos no tienen, para nada, la idea de irse, al contrario, ven en el proceso revolucionario grandes potencialidades para su desarrollo como artistas. Luego están los más excluidos, jóvenes que no logran salir del barrio, que su vida se restringe a una esquina, un callejón y que están dominados por la dinámica de la violencia. En estos ha penetrado menos aún, no tienen ningún contacto con esa ideología de las élites, hay un distanciamiento de clases bastante radical.

 

Creer en los que nadie cree:

Si a Lorena Freytez le tocara debatir con algún joven de la derecha, lo volvería leña. Advertido. Esto vale, incluso, para quienes –con el argumento de una relativa juventud– aspiran a los máximos cargos. Es una apreciación personal, pero si usted quiere hacer su propia comparación, busque en Internet y luego vea cualquier cosa que diga cualquiera de los jóvenes opositores, incluyendo al “joven” principal. Después hablamos.

¿Cómo se forma una joven así?:

“Bueno, mis padres son de izquierda –dice–. Somos de Lara y allá hay una fuerte tradición de organización popular. Desde niña iba a reuniones en barrios y la idea de participar fue un principio de hogar. Me formé como psicóloga social en la UCV y en un grupo llamado Voces Latentes trabajamos con adolescentes privados de libertad, una realidad muy cruda. Quisimos creer en los que nadie cree. Lo primero que nos decían era que no lograríamos nada, que eran unos monstruos. Pero sí pudimos, nos encontramos con seres cargados de sensibilidad, que cuando se les trató como iguales tuvieron una explosión de creatividad. Luego me vinculé con Tiuna el Fuerte, otra lucha de jóvenes en los que nadie creía, pelúos, locos, rockeros, comegato… Nos propusimos demostrar que lo que hacemos también es política, aporta a la transformación del país. Eso nos exigió forjarnos con sufrimiento y frustraciones. Por eso, también, digo que venimos del desierto…”.

16/07/12.-

CLODOVALDO HERNÁNDEZ
ESPECIAL PARA CIUDAD CCS
FOTO JESÚS CASTILLO/CIUDAD CCS

 

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