Con el himno del Batallón del Ejército Bravos de Apure, interpretado por la Banda Marcial de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana, cerca de la 1:30 de la tarde de este viernes el comandante de la Revolución Bolivariana, Hugo Chávez Frías, sostenido en hombros por los hombres de su familia, partió hacia el Cuartel de la Montaña, en la parroquia 23 de Enero, luego de ser honrado en capilla ardiente en la Academia Militar de Venezuela desde el 6 de marzo.

“¡Patria, patria, patria querida! Tuyo es mi cielo, tuyo es mi sol. ¡Patria, tuya es mi vida! Tuya es mi alma, tuyo es mi amor!”, dice el himno de la unidad de combate en la que Chávez fue comandante de pelotón, en Maracay, estado Aragua, entre 1978 y 1979. Y él mismo lo recordó el 8 de diciembre de 2012, en su última alocución pública al país, días antes de viajar a Cuba para su intervención quirúrgica.

Los aviones Sukhoi de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB) surcaron el cielo de Caracas en su homenaje, mientras ingresaban al comandante en un vehículo negro cubierto por una enorme Bandera de Venezuela.

Poco antes, durante el acto en su homenaje que precedió a su salida de la Academia Militar, su hija, María Gabriela Chávez Colmenares, conmovió a los presentes al dar, como ella contó, su primer discurso público. “A mí toda la vida me gustó escribirle y a él le gustó leerme. Y hoy no podía ser la excepción”, dijo la segunda hija del mandatario al iniciar sus palabras.

“Gracias por tanto amor de padre, gracias por tu constante ejemplo, gracias por tu risa, gracias por tu llanto, gracias por tus canciones, gracias por tus bailes, gracias por tantas alegrías, gracias por tu absoluta y eterna entrega. Pero sobre todo, gracias comandante, por devolvernos la patria”, expresó la joven de 33 años, lo que arrancó sostenidos aplausos de pie a los presentes, entre quienes se encontraban sus familiares, miembros del Gabinete Ejecutivo y amigos cercanos, como el presidente boliviano, Evo Morales, y la exsenadora colombiana Piedad Córdoba.

María Gabriela Chávez reveló que siente “un dolor que le quema el alma”, pero que tras mucho buscar explicaciones, confiesa haber comprendido que el alma de su padre “es tan infinitamente inmensa, que tu cuerpo se quedó pequeño. Tuviste que volar y ser libre”.

“Te lo dije a los ojos antes de tu partida: Eres un gigante”, expresó y confesó que su papá le dijo: “Debes ser fuerte, mi María. Y debes seguir el camino”.

“Te juro que daré lo mejor de mí, sacaré fuerza de no sé donde. Siempre serás la luz que ilumina mi camino (…) Tú seguirás viviendo en mi alma y vibrando en tu pueblo, para siempre”, añadió y aseguró: “Cuidaremos tu patria y defenderemos tu legado, como nos enseñaste. Hasta siempre, mi amado amor eterno”.

Al concluir, abrazó fuertemente, entre otros, al jefe de Estado encargado, Nicolás Maduro; al presidente de la Asamblea Nacional (AN), Diosdado Cabello; la exprocuradora Cilia Flores, quien fue defensora de Chávez mientras estuvo en prisión tras comandar la rebelión del 4 de febrero de 1992; y a su abuela, Elena Frías, quien llena de lágrimas no dejó de sostener unas flores tricolor.

El más grande bolivariano

Minutos antes, a las 11:30 de la mañana, comenzó el acto en el salón Simón Bolívar de la Academia Militar de Venezuela, con el Himno Nacional. Los sacerdotes Luis Maza Rivero y José Ramírez oficiaron la ceremonia religiosa.

Maza resaltó que Chávez procuró poner amor en el mundo, quiso amar y dar bondad y servicio a su alrededor y por eso vivirá por siempre. “Vivirá por siempre en sus misiones, vivirá en los pensamientos, vivirá en su proyecto de transformación de la sociedad y vivirá en cada hombre y mujer que buscan el bien, la justicia y la solidaridad”, expresó.

Luego tuvo la palabra quien fuera maestro del mandatario en la Academia Militar, el hoy jefe del Estado Mayor Presidencial, Jacinto Pérez Arcay, quien, con su traje de gala y su boina roja, sostuvo que “hablar de Hugo Chávez es hablar de Bolívar y hablar de Bolívar es hablar de Hugo Chávez, figuras inseparables en la mente de muchos pueblos”.

Lo llamó “el más grande bolivariano de todos los tiempos”, porque no se quedó en la teoría sino que aplicó los principios del Libertador venezolano. “Llenó su vida con el cumplimiento de la misión encomendada por Bolívar”.

Recordó el juramento que ante el Parlamento hiciera el Presidente al asumir tal investidura: “Juro por mi vida, por los mártires, por los libertadores, por mi pueblo y por mi patria que no daré descanso a mi brazo ni reposo a mi alma, que entregaré mis días y mis noches y mi vida entera en la construcción del socialismo venezolano, de un nuevo sistema social. Juro por Cristo, el más grande socialista de la Historia, que cumpliré los mandatos supremos del pueblo venezolano aun a costa de mi propia vida”.

Pérez Arcay, en un conmovedor pero firme discurso, expresó a su alumno: “Toda Venezuela te recuerda, Hugo”. Mencionó su última proclama, en la que dejó ver que Venezuela no es la misma de hace 20 ó 40 años y llamó a votar por Nicolás Maduro si sucedía una circusntancia sobrevenida en la que debiera separarse de la dirección del Estado.

“Desgraciados de nosotros si no cumplimos con los postulados del mejor de los hombres que hemos tenido”, expresó Pérez Arcay y los presentes estallaron en aplausos que manifestaron su lealtad al líder.

“Ha muerto un justo. Hugo Chávez, el mejor de todos los hombres se va de su escuela militar a otra. Vas al Cuartel de tu Montaña. Dios te bendiga, Hugo. Dios te bendiga, hijo. Dios bendiga tu patria. Que viva Cristo. Que viva Bolívar. Que viva Hugo Chávez”, exclamó al concluir su discurso.

“Ahora es cuando tenemos a Chávez”

Cabello tomó entonces la palabra. Destacó que Chávez fue un presidente ejemplar, el único que se encargó de atender a los pobres.

Rememoró sus tiempos en la Academia Militar, a la que amó inmensamente y donde descubrió a Bolívar “y lo descubrió para los venezolanos”.

Dijo que gracias a él, en la rebelión del 4 de febrero, se encontraron el pueblo y la Fuerza Armada, y de allí el brazalete tricolor que hoy exhiben en el brazo izquierdo los revolucionarios para rendir honor a esa gesta.

Asimismo, destacó que la desaparición física del líder socialista no hace sino que permanezca cada vez más en sus seguidores. “Ahora es cuando tenemos a Chávez en nuestro corazón, en nuestra mente, en nuestra alma. Ahora es cuando nos va a acompañar. Ahora es cuando nos va a ayudar”, expresó.

“En esta prueba también está venciendo. Su partida no lo borrará de la memoria de venezolanos y hombres de bien de todo el mundo”, resaltó Cabello. “Cada lágrima que ha derramado nuestro pueblo tiene que obligarnos a no fallarle a Chávez nunca, a no fallarle al pueblo nunca, obligarnos moralmente a defender su obra”.

Llamó entonces a seguir construyendo el socialismo como el Presidente les enseñó. “Unidad, lucha, batalla, victoria. Así será la vida de la Revolución Bolivariana. Un millón de gracias por tus enseñanzas, por tu amor, por tus consejos”, resaltó.

“Doña Elena, pariste a un gran hombre. Don Hugo, criaron a un ser humano excepcional”, manifestó el diputado y los presentes respondieron: “Chávez vive. La lucha sigue”.

Tras los discursos, la familia del presidente, sus hijas e hijo, sus hermanos y padres hicieron una guardia de honor a su alrededor.

A la 1:00 de la tarde fue trasladado en hombros por una agrupación de parada de la Guardia de Honor Presidencial hasta las afueras de la Academia y de allí al callejón de honor formado por los cadetes en el patio.

Sonó de inmediato el Sangueo para el Regreso, de Alí Primera, adaptado al líder: “Chávez se sembró”, decía el coro, mientras el cuerpo de escoltas de la Guardia de Honor llevaron al líder a las puertas de la Academia Militar, investido con el Pabellón nacional.

A partir de allí, la banda marcial continuó los honores; y detrás su madre, hijas e hijos, demás familiares y más cercanos colaboradores. El Himno Nacional se escuchó nuevamente y fueron disparadas varias salvas con cañones en su honor.

En el recorrido hacia el Cuartel de la Montaña, su pueblo no dejó de acompañarle en la autopista y principales avenidas de Caracas. Afiches, banderas, franelas y gorras rojas, eran enarboladas entre la multitud que lo espero a lo largo del trayecto por Caracas para decirle: Hasta siempre, comandante.

 

 

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