“El chofer que pasó a ser guardaespaldas, el guardaespaldas que se hizo dirigente del partido, el diputado que pasó a ser canciller y el canciller que fue nombrado vicepresidente está a punto de dar otro salto espectacular”, precisa el periodista Clodovaldo Hernández en la edición número 24 de la revista Épale Ccs, a través de un perfil que construyó del candidato socialista Nicolás Maduro.

Hernández plantea que la evolución política de Nicolás Maduro fue impulsada por el líder revolucionario Hugo Chávez, pues a pesar de haber dado sus primeros pasos como militante de izquierda desde la adolescencia, el comandante le asignó diversas responsabilidades con el objeto de convertir a su alumno en un líder de temple.

“Del Comandante Supremo, Maduro parece haber heredado también eso que algunos llaman ‘el efecto teflón’: todo le resbala, en especial las invectivas y las intrigas de los enemigos”, analiza Hernández refiriéndose a la forma como el candidato de la revolución asume sus títulos de chofer y guardaespaldas, que algunos pretenden utilizar despectivamente.

“Ya se cansaron de decirle autobusero. Se dieron cuenta de que ‘el insulto’ (a cierta gente le parece un insulto) no le hace mella, por el contrario, robustece su apoyo popular. Además, cada vez que tiene la oportunidad, el hombre se sienta, muy orgulloso, al volante de cualquier bus y pone cara de ‘entren que caben cien, cincuenta parao, cincuenta de pie’, como cantaba Lavoe”.

El periodista recuerda que Maduro proviene de la populosa parroquia caraqueña El Valle, fue dirigente estudiantil cuando estudiaba en el liceo Ávalos, militó en la Liga Socialista, se hizo trabajador y sindicalista del Metro y, “cuando llegó el momento de las definiciones, se fue con el Comandante sin preguntar mucho, aceptando cualquier responsabilidad, incluso una que le venía bien por su contextura física: parte del equipo de escoltas de un candidato que bien lo necesitaba”.

En este punto de la trayectoria de Maduro, Hernández se detiene y define dos etapas para el líder socialista: la primera corresponde al tiempo en que el presidente Chávez disfrutaba de salud, y la segunda se ubica en el período de poco menos de dos años correspondiente al trágico trance que le tocó sufrir.

Madurando a Nicolás

A partir de este intertítulo, el texto muestra, en primer lugar, la inclusión de Maduro en la dirección nacional del originario MBR-200, uno de los pocos civiles en ese nivel.

En 1999 Chávez lo incorpora entre sus candidatos a la Asamblea Nacional Constituyente y, en 2000, lo promueve para integrar la Asamblea Nacional y ya en 2004 pasó a ser presidente del Poder Legislativo.

“En su afán de que Maduro siguiera escalando posiciones, en 2006, para sorpresa de todo el mundo —el interesado incluido—, (Chávez) decidió nombrarlo canciller (…) Se lo dijo mientras volaban rumbo a Buenos Aires y luego de leer unos comentarios cargados de bilis en los que unos estirados ex embajadores lo llamaban irónicamente ‘el conductor de la Cancillería”.

Permaneció en el cargo por más de seis años y en octubre de 2012 inició su segunda etapa: ahora era el aspirante para suceder al comandante en la presidencia.

“El chofer que pasó a ser guardaespaldas, el guardaespaldas que se hizo dirigente del partido, el diputado que pasó a ser canciller y el canciller que fue nombrado vicepresidente está a punto de dar otro salto espectacular. Y, al igual que en los anteriores casos, es Hugo Chávez —convertido en multitud— quien le otorgará este nuevo ascenso: ahora será el custodio de la obra del Comandante Supremo, algo así como —nada menos— el guardaespaldas de todo el pueblo”.

 

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