La Revolución Bolivariana, con base en la letra viva de la Constitución Nacional, recupera de manera inédita la esencia del espíritu libertario del movimiento popular del 23 de enero de 1958, que ese mismo año fue desvirtuado por grupos entreguistas, conformados en el Pacto de Punto Fijo, quienes por 40 años instalaron un sistema político de saqueo y represión disfrazado de “democracia representativa”.

“Venezuela, en fin, necesita un cambio profundo para que los derechos democráticos del pueblo no sean letra muerta en el texto de las leyes; para que la libertad exista y la justicia impere; para que el derecho a la educación, al trabajo, a la salud y al bienestar sean verdaderos derechos para las mayorías populares y no privilegios de escasas minorías”, reclamaba Fabricio Ojeda, en su carta de renuncia al Congreso en 1962 para irse a la lucha armada, al considerar que la vía electoral, en ese momento, era una farsa.

Las palabras de Ojeda evidencian la unidad de propósitos entre aquella lucha por una nación soberana y el actual proceso de cambio que vive Venezuela desde la llegada del Presidente Hugo Chávez y la aprobación de una nueva Constitución en 1999, con la que se retoman los ideales bolivarianos y junto a las mayorías se comienza la construcción de un modelo participativo, popular y protagónico que, entre tantos otros logros, permitió reducir la pobreza a 21,6%, al pasar de 49% en 1998 a 27,4% en 2011.

En 1958, Fabricio Ojeda presidió la Junta Patriótica, conformada por el PCV, URD y jóvenes revolucionarios de AD y Copei, que junto a las acciones de distintos sectores de la vida nacional, y el enfrentamiento interno dentro de las propias Fuerzas Armadas, derrocaron la dictadura del general Marcos Pérez Jiménez en demanda del nacimiento de un modelo político, económico y social democrático.

No obstante, tal como lo manifestará Ojeda en su misiva “esta ilusión de jóvenes ingenuos, de políticos sin malicia, todos buena fe y buena voluntad, se derrumbó bajo el peso del egoísmo y las ambiciones de otro”, como lo demostró el Pacto de Punto Fijo con el que se desplazó al Partido Comunista y se instauró el bipartidismo adeco-copeyano profundizando la represión, el saqueo de las riquezas venezolanas por el capital trasnacional, la violencia del hambre y la exclusión social al pueblo.

Solo un cambio de nombres

“El 23 de enero hubo solo esto: un cambio de nombres. La oligarquía explotadora, los servidores del imperialismo buscaron acomodo inmediato en el nuevo gobierno. El poder político había quedado en manos de los mismos intereses y los instrumentos de ese poder seguían bajo la responsabilidad de las mismas clases”, añadió en su renuncia al Congreso el entonces diputado Ojeda.

En su declaración el también periodista manifestó que era imprescindible “la conquista del Poder Político por parte del pueblo” para que Venezuela recobrara su perfil de nación soberana; sin embargo, precisó que para ello es necesaria “una transformación estructural que cambie el sistema formalista de la democracia por la efectiva realización de la misma: es decir, que arrase con todo lo podrido, con todo lo injusto, con todo lo indigno de nuestra sociedad y en su lugar erija una nueva vida de justicia y libertades”.

A cuatro años de los hechos de 1958, la expresión de Ojeda refleja el descontento nacional hacia el gobierno de Rómulo Betancourt (1959-1964), quien ejerce cerca de la mitad de su mandato sin garantías constitucionales, lo cual dotó de impunidad a los múltiples casos de detenciones, desapariciones y asesinatos ocurridos durante su gobierno, siendo el primero de estos el asesinato de tres trabajadores manifestantes del Plan de Emergencia el 4 de agosto de 1959. Se iniciaba así la bomba de tiempo que trajo consigo rebeliones militares como el Carupanazo, Porteñazo, reconocidas en el discurso de Ojeda.

“No hacemos las armas contra el Ejército, la hacemos contra quienes sirven a los monopolios extranjeros causantes de nuestra pobreza; hacemos la guerra, contra los asesinos de estudiantes, de obreros, de campesinos; hacemos la guerra contra los que roban y comercian a nombre de una democracia falsa”, declaró el diputado, quien abandona el parlamento para ir a los Andes a organizar un Frente Guerrillero de las Fuerzas Armadas de Liberación Nacional (FALN).

“A estas alturas de la historia, cuando un vendaval de renovación sacude al mundo, los venezolanos no podemos permanecer aferrados a una vida política, sin perspectivas de futuro y que mantiene al país sumergido en el subdesarrollo económico, en el atraso crónico y al pueblo, doblegado bajo el peso constante de la miseria y la ignorancia y el hambre”, agrega, tras resaltar que hechos como la naciente Revolución cubana gavalnizan la conciencia revolucionaria y antiimperialista.

El líder patriótico, quien fuera asesinado por las fuerzas represivas del gobierno adeco de Raúl Leoni en 1966, se despidió del hemiciclo con estas palabras: “Si muero, no importa, otros vendrán detrás que recogerán nuestro fusil y nuestra bandera para continuar con dignidad, lo que es ideal y deber de todo nuestro pueblo”.

Su legado es rescatado por el líder de la Revolución Bolivariana, Hugo Chávez, que ha dirigido más de 60% de los ingresos fiscales, obtenidos entre 1999 al 2011, a la inversión social gracias a la soberanía petrolera del país que ahora mismo se erige como la mayor reserva del crudo del planeta con al contar con 297 mil 571 millones de barriles, por lo que la independencia nacional es un objetivo indiscutible.

Ana Navea AVN

 

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