Hace dos décadas, en los corredores del cuartel de la Montaña, el teniente coronel Hugo Chávez tramó la rebelión cívico militar que lo catapultaría a la escena política como una promesa. Este 15 de marzo, regresó hecho Comandante, vestido de flores que su pueblo le arrojó y acompañado de miles.

Del “por ahora” de 1992 al “hasta siempre” de 2013, el periplo fugaz de Hugo Chávez quedó sellado en las entrañas de la parroquia 23 de Enero, bastión de las luchas populares de los oprimidos y testimonio lacerante de los estragos de la democracia representativa.

La avenida Sucre, última escala antes de penetrar en la parroquia del oeste caraqueño, recibió a la marea roja nuevamente. La última vez había sido en el aniversario 55 del derrocamiento de la dictadura de Marcos Pérez Jiménez.

“Por aquí pasó, compadre, mi Comandante que iba ardiendo” rezaba uno de las pintas improvisadas en las paredes de la avenida. Otros grafitis más elaborados mostraban el perfil de Chávez inscrito en un mapa de América del Sur.

Los edificios de la Gran Misión Vivienda Venezuela se alzaban a los costados, colosales pruebas de la última gran cruzada lanzada por el mandatario: 3 millones de casas para el 2019.

Fotos, carteles y panfletos despuntaban entre la muchedumbre. Al reverso de un retrato de Chávez una letra irregular proclamaba: “el que tenga Patria que la honre; el que no, que la conquiste”.

“Nos faltarían días para explicar lo que hemos conseguido hasta ahora”, aseguró Lester Granado, uniformado con la conocida chaqueta negra del Movimiento Revolucionario Tupamaro.

“Él ya logró su objetivo y esto no lo para nadie”, sentenció Granado, en alusión a las breves declaraciones que Hugo Chávez dio a la televisión venezolana tras asumir la responsabilidad del movimiento bolivariano y de la insurección contra Carlos Andrés Pérez hace 21 años.

Desde los superbloques del 23 de Enero, pancartas gigantes recordaban que “muere el hombre pero jamás sus ideas”.

La marejada humana se detuvo por un instante. Un silencio atronador recorrió la calle y una brisa fresca lo acompañaba. Por los altoparlantes una voz femenina decía “Gracias, Comandante, por devolvernos la patria”. Acto seguido, escalada de aplausos. Era María Gabriela Chávez, la hija del líder revolucionario, hablando desde la Academia Militar, minutos antes de que el cortejo partiera a la barriada capitalina.

La Cañada aguardaba con música y puertas abiertas. Desde unos balcones potentes equipos de sonido gritaban “Chávez es otro beta” y otros tantos coreaban “Nosotros somos los pobres…” del cantautor Gino González.

“Es un orgullo tener a nuestro Presidente aquí”, dijo Argenis López, mientras esperaba, agazapado en las afueras de la emisora Al son de 23, la llegada de los restos del líder de la Revolución Bolivariana.

“Él dio su vida por este país y nosotros lo llevaremos a la gloria”, agregó con una voz que delataba el cansancio de “la semana más larga” de su vida.

El inquebrantable ruido de las motos y el infierno de cornetas alcanzó su clímax con la llegada de la carroza fúnebre. En la plaza Simón Bolívar, a la entrada de La Piedrita, uno de los hijos de Alí Primera entonaba algunos pasajes:

Si no sirve mi canción
pa’ que se encienda tu alma
quema entonces mi guitarra
pero que crezca la llama

Del Bloque Siete al Seis de un hilo, casi invisible por la altura, pendía un gran pabellón tricolor. Arriba un cielo claro y radiante y al fondo el majestuoso Waraira Repano.

Jovencitos repartían el comunicado emitido por las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (Farc) el pasado 5 de marzo, tras conocerse la noticia de la muerte de Chávez.

Los grupos de tambores hacían su pequeña parranda de voces doloridas en las esquinas. Manos rápidas percutían en un trance con ceños fruncidos y ojos cerrados.

Los visitantes llegaron desde lejos. Incluso de otras naciones. Emiliano Buus, del Frente Popular Darío Santillán, alzaba el estandarte argentino mientras calificaba como fundamental “la unión de los pueblos de Nuestra América”.

“El gran legado del Comandante es la unidad de los de abajo”, afirmó el militante, “hay que entender que el proyecto excede a Venezuela, es un proyecto de la Patria Grande”.

En 20 años, Hugo Chávez trazó las líneas de un proyecto político de liberación nacional. Un huracán de fuego cruzó esta tierra y no fueron suficientes las lágrimas de la última semana para apagar la llama. Ya lo había advertido el hombre de Sabaneta de Barinas: “si alguien abre mi tumba cien años después ahí verán a la candela prendida todavía”.

 

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