Opinión

En Venezuela las mujeres han luchado por sus derechos desde la época precolombina y continuamos en esa búsqueda por una sociedad igualitaria y paritaria, hemos alcanzado muchos logros, pero aún falta mucho camino por recorrer, hemos abierto muchos espacios de participación, gracias al apoyo irrestricto que hemos recibido del Gobierno Revolucionario, Bolivariano y Socialista que lidera el Comandante Hugo Chávez Frías, quien se ha declarado feminista desde un principio, siendo nosotras las protagonistas de este proceso.

Desde las instancias gubernamentales estamos convencidas y convencidos de que el conocimiento, el intercambio de saberes y la creación en conjunto no son exclusivos de estudiosas, expertas o técnicas en la materia. Existe una práctica cotidiana que se basa en la conciencia colectiva, la cual genera el pensamiento comunitario que es el que valida y sustenta los fundamentos teóricos, más aun cuando nos referimos a sexo, género, feminismo y patriarcado, que son conceptos que se derivan de un proceso histórico y socio-cultural.

Al revisar y analizar las obras básicas de referencia sobre estos temas, encontramos que el término patriarcado, que proviene de dos palabras griegas que significan: padre y mandar, es un concepto utilizado por las ciencias sociales, en especial por la antropología y los estudios feministas para referirse a la distribución desigual del poder entre mujeres y hombres, en la cual los varones tienen preeminencia en aspectos como filiación, heredad y la división sexual del trabajo, entre otros aspectos que marcan la subordinación de la mujer ante el hombre.

Con el correr del tiempo el patriarcado se hizo cultura y se impuso de acuerdo con la ley del más fuerte, originando opresión y dominio; el poder socio-político fue pactado entre, por y para los hombres, al tiempo que las mujeres fueron relegadas a un plano inferior. Diversas autoras y autores aseguran que el miedo ante un poder totalmente desconocido como lo era el de la maternidad, llevó a los hombres a ejercer un dominio sin límites sobre las mujeres. Sí, había que doblegarlas, porque ellas tenían el control sobre la vida. Recordemos que el hombre descubrió bien tarde su aporte genético en la reproducción de la especie humana y aquel dicho popular que nos viene desde entonces: “Mi madre yo sé quién es, mi padre, no estoy seguro”.

La degradación de la condición femenina se forjó tras el desarrollo de sociedades agrícolas sedentarias, y se acentuó con los venideros sistema político-económicos (monarquía, feudalismo, colonialismo), alcanzando su máxima expresión en el sistema capitalista. Pero es de hacer notar que el sustento, el soporte o el sostén de todos estos sistemas ha sido el Patriarcado, el cual ha subsistido era tras era, oculto algunas veces y otras no tanto.

Desde los primeros siglos se fueron instituyendo papeles y roles a desempeñar por las mujeres y los hombres en las esferas de la producción, la reproducción, lo social y lo político-público, que se vieron reforzados con la teoría de Aristóteles: “El varón tiene que mandar sobre los esclavos, los hijos y la esposa … porque es naturalmente más apto para el mando que la mujer”, y con el enunciado de Santo Tomás de Aquino, quien dijo que la mujer sólo estaba para asistir al varón en la reproducción y su lugar era lo individual, lo privado y lo doméstico.

Federico Engels en su obra El Origen de la Familia, la Propiedad Privada y el Estado, señaló que las mujeres, que tenían la reproducción de la vida, alimentaban a las tribus por medio de los conucos familiares, mientras los hombres se encargaban de la caza y de la pesca que no todo el tiempo eran productivas; cuando llegaban con las manos vacías siempre en casa había frijoles y verduras que comer. Cuando se dieron cuenta del poder que tenía la mujer, le arrebataron sus derechos y la degradaron hasta convertirla en servidora del hombre.

La autora Carole Pateman plantea el siguiente argumento que valida la génesis de la dominación de las mujeres por los hombres mediante el uso de la fuerza, en el hecho de que los hombres continúan manteniendo sus derechos patriarcales sobre las mujeres mediante la violencia doméstica, familiar y de género.

Conscientes de ello las mujeres hemos emprendido una larga lucha por nuestros derechos, un ejemplo está en la Declaración de los Derechos de la Mujer y la Ciudadana, redactada en 1791 por Olympe de Gouges, para que los líderes de la Revolución Francesa tomaran en cuenta a las mujeres como ciudadanas y no como el objeto que siempre fueron ante sus ojos, una de las principales causas de su muerte en la guillotina.

En Venezuela las mujeres han luchado por sus derechos desde la época precolombina y hoy continuamos en esa búsqueda por una sociedad igualitaria y paritaria, hemos alcanzado muchos logros, pero aún falta mucho camino por recorrer, hemos abierto muchos espacios de participación, gracias al apoyo irrestricto que hemos recibido del Gobierno Revolucionario, Bolivariano y Socialista que lidera el comandante Hugo Chávez Frías, quien se ha declarado feminista desde un principio, siendo nosotras las protagonistas de este proceso.

Hoy por hoy no hay nadie que se sienta poseedor de la verdad absoluta en ninguna materia. Nadie puede pretender enseñar a otra u otro por considerar que no sabe absolutamente nada, ni siquiera en materia de género; o, mejor dicho, en materia de género, donde todas las mujeres sabemos mucho, aunque a veces no nos demos cuenta de ello; por eso es que hoy en día se habla, aunque sea en el campo progresista, no se diga revolucionario, de la necesidad de los encuentros de los saberes y haceres, de los pobres, los dominados, los explotados para construir juntos el nuevo conocimiento insurgente y revolucionario, que no sólo consiste en interpretar el mundo del machismo, sino que nos dediquemos a transformar esa realidad inaceptable juntos: mujeres y hombres. Sí, porque de género no sólo hablan las mujeres, sino también hombres, los pobres machos dominados, que creen que dominan el mundo para ser esclavos de atavismo ancestrales que hoy utiliza el capitalismo para mantener su dominio.

En la organización y las luchas de los pueblos también hay colectivos sacando teorías de sus propias prácticas y/o aplicando teorías; igualmente, hay catedráticas del feminismo que desde las universidades y centros de investigación estudian teorías en materia de género. Les digo que, en igualdad de condiciones, todas tenemos espacio y debe existir una cooperación en el plano horizontal, ninguna y ninguno se las sabe todas, pero juntas y juntos somos un poder.

(*) Defensora de los Derechos Humanos

JUDITH LÓPEZ GUEVARA
OPINIÓN

 

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